Cada uno de nosotros, cada una de nosotras, posee una forma única de ver y de comprender la realidad. Nuestros cerebros responden e interpretan de forma diferente los estímulos que provienen del exterior. La forma de interpretar y de conectar los fragmentos e impulsos del mundo que nos rodea es, también, particular, sujetiva y, en cierto modo, única.

Podríamos decir que existen tantas realidades moldeadas y percibidas desde tantos prismas como personas en el mundo. El cerebro nos muestra siempre «una versión del mundo para que la interpretemos».Sin embargo, es obvio que la ciencia nos indica que sí existe una realidad conformada por un conjunto de leyes físicas, biológicas y químicas que podemos estudiar, analizar y comprender. Estas leyes de la realidad que estudia la ciencia conforman un marco estable, común y objetivo en el que todas las personas vivimos, nos movemos y sentimos. Sin embargo, cada uno de nuestros cerebros se cuenta a sí mismo una historia «personal» e «individualizada», ligada a un «inventario» de vivencias, aprendizajes y experiencias que, a su vez, han moldeado nuestra personalidad durante los años.

En un estudio reciente mencionado en la prestigiosa Science Direct, los investigadores de la Universidad Johns Hopkins que estudian la mente y el cerebro han utilizado métodos de la ciencia cognitiva para responder esta pregunta filosófica, sin una respuesta claramente demostrable hasta la fecha: ¿Puede la gente ver el mundo objetivamente? Tras haber realizado una serie de experimentos, mediante gráficos sofisticados y un conjunto de «monedas cortadas con láser», el equipo de la John Hopkins, ha demostrado que a las personas nos es casi imposible separar la verdadera identidad de un objeto de la perspectiva sujetiva que tenemos de él. Es decir, no vemos las cosas como son, si no como la idea que nos hacemos de lo que son. En el caso de este estudio, las personas miraron «objetos redondos que, en realidad, estaban inclinados hacia afuera»; incluso cuando la gente estaba segura de que los objetos eran redondos, no podían evitar «verlos» de forma distorsionada, como óvalos o elipses.

«Esta pregunta sobre la influencia de la propia perspectiva en la percepción es una de las grandes cuestiones que los filósofos han estado discutiendo durante siglos», afirma Chaz Firestone en sus conclusiones, en tanto que autor principal y profesor asistente de Ciencias Psicológicas y Cerebrales y Director del Laboratorio de Percepción y Mente Hopkins. «Cuando los humanos ven cosas, el cerebro las identifica combinando información visual sin procesar con suposiciones arraigadas y conocimiento sobre el mundo.» Por ejemplo, si  una moneda es circular y la inclinamos hacia afuera, la luz de la moneda golpea tus ojos en forma de óvalo o elipse; pero tu cerebro luego va más allá de esa información y te hace «ver» un círculo en el mundo real

El equipo de la Hopkins se guió por la teorizaciones filosóficas de referentes como John Locke y David Hume, quienes se han preguntado durante mucho tiempo si es posible separar la forma que tiene un objeto de la forma cómo este aterriza en nuestros ojos. En otras palabras, ¿es posible tener una «visión pura» del mundo?. Parece ser que este equipo de investigación tenga muy claro que la respuesta es un rotundo «no».

«Nuestro enfoque subjetivo del mundo permanece con nosotros», afirma Jorge Morales, otro de los científicos de referencia del estudio. «Incluso cuando tratamos de percibir el mundo como es en realidad, no podemos descartar nuestra perspectiva».

Por medio de interesantes enfoques que van desde la psicología a la neurociencia, pasando por profundas cuestiones filosóficas, estos experimentos científicos podrían resolver en breve de forma definitiva una pregunta esencial del por qué, como individuos, nos cuesta tanto encontrar puntos en común a la hora de interpretar unos hechos concretos. «Esperábamos que la ‘objetividad’ superara por completo cualquier influencia de la perspectiva del sujeto», afirma Firestone

 

La Inteligencia emocional y la interpretación de la realidad

Ya en 1962, en la Teoría de la emoción de Schachter y Singer, se establece que el origen de las emociones proviene, por un lado, de «la interpretación que hacemos de las respuestas fisiológicas periféricas del organismo, y de la evaluación cognitiva de la situación, por el otro». Este último hecho de evaluar la realidad es el que origina nuestras respuestas fisiológicas. El comprender que nuestra evaluación cognitiva es un proceso que tiene mucho de «involuntario» y que está ligado a una percepción hasta cierto punto personal e intransferible de la realidad, nos ayudaría a entender que no todo el mundo puede ver e interpretar la realidad exactamente como lo hacemos nosotros. Por eso, tanta gente de nuestro entorno tiene respuestas fisiológicas y gestiona sus emociones de maneras tan distintas a las nuestras. Parece bastante lógico afirmar que, un primer paso para conseguir que nuestras emociones jueguen a nuestro favor y que, en consecuencia, utilicemos mejor nuestra Inteligencia Emocional, es ser conscientes de que las historias que nos contamos a nosotros mismos son un relato más acerca de la realidad, y que hay tantas historias como personas en el mundo.

 

 

Referencias


Jorge Morales, Axel Bax, Chaz Firestone. Representación sostenida de la forma en perspectiva. Actas de la Academia Nacional de Ciencias, 2020; 202000715 DOI: 10.1073 / pnas.2000715117

Johns Hopkins University. «‘Philosophy lab test’ finds objective vision impossible.» ScienceDaily. ScienceDaily, 8 June 2020. <www.sciencedaily.com/releases/2020/06/200608163446.htm>.

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