¿Te has preguntado si tienes un alto o bajo grado de inteligencia emocional? ¿Cómo puedes saber si deberías trabajarla?

En este artículo vas a descubrir una prueba psicométrica para evaluar tu inteligencia emocional y algunos signos que te pueden indicar que tu inteligencia emocional es baja.

Test para identificar la falta de inteligencia emocional

Si quieres evaluar tu grado de inteligencia emocional a través de una prueba psicométrica, puedes hacerlo mediante el MSCEIT (Mayer Salovey Caruso Emotional Intelligence Test), el test de inteligencia diseñado por Mayer, Salovey y Caruso de forma específica para ello.

Este test se basa en el modelo teórico de los psicólogos Mayer y Salovey, según el cual la inteligencia emocional tiene 4 ramas o dimensiones: 

  • Percepción emocional: la capacidad para percibir, identificar, valorar y expresar nuestras emociones de manera adecuada.
  • Facilitación emocional del pensamiento: nuestras emociones influyen en nuestros pensamientos, nuestro punto de vista y a qué le prestamos atención.
  • Comprensión emocional: la capacidad para identificar y comprender nuestras emociones.
  • Regulación emocional: la capacidad para gestionar y regular nuestras emociones y las de los demás.

Signos de falta de inteligencia emocional

A continuación te presentamos 11 signos de falta de inteligencia emocional que te pueden ayudar a detectar si debes trabajar este tipo de habilidades.

1. Alcanzas niveles de estrés con facilidad

Cuando guardamos nuestras emociones, vamos acumulando tensión, y esto acaba generando estrés y ansiedad. A largo plazo, no reconocer nuestras emociones nos perjudica a nivel físico y mental. En casos extremos de no saber manejar el estrés, las personas pueden llegar a experimentar ansiedad, depresión, abuso de sustancias o intentos de suicidio.

2. Falta de asertividad

Si nos mostramos poco cordiales o empáticos con los demás o, por el contrario, no sabemos poner límites, no seremos capaces de manejar los conflictos. En este sentido, mostrar enfado u otras emociones de manera inadecuada, nos impedirá relacionarnos con personas difíciles o tóxicas, tanto dentro como fuera del trabajo.

3. Vocabulario limitado para hablar sobre emociones

Algunas investigaciones dicen que solo el 36% de las personas somos capaces de identificar nuestras emociones. Si conocemos poco nuestras emociones, es posible que tengamos malos entendidos, decisiones irracionales o respuestas contraproducentes. Debemos aprender a decir algo más que “malo” y concretar con “frustración”, “irritabilidad”, o “ansiedad”, por ejemplo. 

4. Opiniones o decisiones precipitadas

Si formamos nuestras opiniones o tomamos nuestras decisiones de forma precipitada o a la ligera, sin tener en cuenta otras opciones o posturas, discutiremos con frecuencia con otras personas. Esto es peligroso cuando se trata de personas en puestos de liderazgo, ya que puede influir al resto del equipo con sus opiniones o decisiones equivocadas.

5. Rencor

El rencor aparece como consecuencia de haber respondido a una situación estresante. La reacción inmediata es adaptativa, pero cuando el peligro ha desaparecido, ese estrés es perjudicial, pudiendo repercutir en la salud física. 

6. Olvidar por completo o rememorar demasiado los errores

Si revivimos demasiado nuestros errores, podemos sufrir ansiedad y desarrollar miedos a probar cosas nuevas. Por el contrario, olvidar por completo nuestros errores hace que caigamos de nuevo en ellos. Por ello, debemos encontrar un punto intermedio entre ambos extremos.

7. Sentimiento de incomprensión

Si no sabemos cómo comunicarnos con efectividad y claridad con los demás, las personas de nuestro entorno nos verán de forma distinta a como somos y sentiremos que no nos comprenden. Tampoco seremos capaces de comprender por qué nos ven diferentes a como somos.

8. Desconocimiento de lo que nos presiona o nos hace reaccionar

Todos tenemos algunos estímulos o disparadores que nos hacen reaccionar de forma impulsiva. Cuando no los conocemos, no seremos capaces de prevenir estas reacciones, actuaremos de forma impulsiva y esto puede tener consecuencias negativas.

9. Ocultar el enfado

Si ocultamos nuestro enfado, no estaremos siendo sinceros, porque estaremos mostrando una falsa actitud positiva. Asimismo, ocultarlo tampoco es algo que nos ayude a manejar mejor la situación o resolver el conflicto. Por lo tanto, es preferible que mostremos la emoción de forma adecuada y, a poder ser, de forma asertiva.

10. Culpar a otros de las emociones propias

Nadie es responsable de las emociones de otra persona, es decir, nadie nos puede provocar una emoción si nosotros no queremos sentirla. Nos tenemos que responsabilizar de nuestras emociones, así como de los pensamientos que estas desencadenan y de cómo nos comportamos.

11. Facilidad para ofendernos

Si no nos conocemos bien a nosotros mismos, los demás tampoco nos conocerán ni estarán alerta de qué cosas nos molestan. En esta línea, nos mostraremos inseguros, con mentalidad cerrada y nos pueden molestar con facilidad algunos comentarios de los demás.

Si presentas varios de estos signos, es recomendable que comiences a trabajar tu inteligencia emocional cuanto antes. Esto te resultará útil tanto en tu vida personal como en tu labor como profesional sanitario.

Tener una inteligencia emocional alta es la mejor manera de enfrentarte a aquellas situaciones que te generan malestar emocional, para aprender a lidiar con esos pensamientos y sentimientos.

Además, conseguirás prevenir las consecuencias negativas de esos estados negativos, logrando un mayor nivel de bienestar.

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