Cada día que pasa es un día menos hacia la recuperación de una cierta normalidad de la situación, que no parece que nos vaya a llevar a un retorno a la normalidad en la que estábamos instalados antes de que apareciera el virus más famoso de nuestro tiempo. Durante estas semanas tan duras que parece que demasiado lentamente vamos dejando atrás, se han hecho muchos llamamientos a centrarse en el momento presente, a tocar de pies en el suelo y no dejarse llevar por el desasosiego y el miedo. Ante tantas incertidumbres, concentrarnos en nuestro día a día y en la construcción de una nueva rutina «confinada» – para gran parte de la población – o en el aislamiento para muchos y. muchas colegas sanitarios que se han visto expuestos al virus, ha sido en muchos momentos un ejercicio positivo. Detener el exceso de divagación es necesario a veces.

Este mirar hacia el ahora y practicar la conciencia plena no tiene porqué estar reñido con volver la vista atrás y ver que lo que está sucediendo en el mundo no es, ni mucho menos, extraordinario. Es cierto que en Europa tendríamos que remontarnos a más de cien años para encontrar un símil parecido al caso actual. Me refiero a los tiempos de la Primera Guerra Mundial y la llamada Gripe española. Lo cierto es que fuera de Euopa, ha habido y hay espisodios como el que nos ha paralizado. Sin ir más lejos, el primer brote del SARS en China, afectó Asia intensamente en los primeros años de la década del 2000. Ese Coronavirus tuvo un gran impacto en la mentalidad de las sociedades que tuvieron que lidiar con él. Puede que sea porque esa experiencia en 2003 afectó estos países que ahora muchos de ellos parecen ser tan efectivos en el control de la infección.

En las epidemias y pandemias del pasado intervenían los mismos actores: La población, los gestores y políticos y los científicos y profesionales sanitarios por un lado, y por el otro un nuevo virus desconocido y una enfermedad para la que no había ni vacuna ni tratamiento. En nuestro caso la COVID-19.

Así pues, además de preguntarnos constantemente cuándo volveremos a la normalidad y cuándo se encontrará la vacuna y el tratamiento efectivo contra el virus, deberíamos preguntaros: ¿qué hicieron los profesionales sanitarios en otros momentos similares de la historia, en contextos parecidos como los que vivimos ahora con la #COVID19¿Cómo afrontaron ese reto y prevenieron los riesgos asociados a la crisis para la salud emocional como el estrés, el burnout, la falta de empatía o la ira?

Una breve historia de la cuarentena

La cuarentena es una práctica que, por lo que sabemos, empezó en el siglo XIV en un esfuerzo para proteger las ciudades de la costa italiana de las plagas que venían de otras lugares. Los barcos que llegaban de otros puertos llevando consigo a personas infectadas, debían esperar 40 días «quaranta giorni» antes de desembarcar.

Varios siglos más tarde, tras el establecimiento de los Estados Unidos de América, se pusieron en marcha las primeras legislaciones estatales para el control y prevención de enfermedades infecciosas. Dichas políticas se pusieron en marcha a raíz del impacto de la fiebre amarilla, que hizo que la sociedad cambiara radicalmente de mentalidad. La prevención y el control de las enfermedades infecciosas pasaron a ser una competencia del Gobierno Federal y el Congreso de Estados Unidos aprobó la primera legislación de la cuarentena en 1878.

En Europa tuvimos que esperarnos hasta la convención de Venecia del 30 de enero de 1892 y la de Dresden de 1893. Ahí fue donde se establecieron las bases internacionales para prevenir plagas y su extensión en Europa. El primer acuerdo sería firmado en París en 1903 por unos pocos países, aunque en 1912, también en París, 40 países firmarían un acuerdo multilateral con 160 artículos. Este acuerdo sería ampliado en 1920 a 58 países y 177 artículos.

A parte de cuestiones referentes a gestión y administración de los recursos sociales, económicos y sanitarios durante la epidemia, también se hacía mención a los colores para indicar una situación de infección. Amarilloverde y negro han sido los colores históricamente usados en banderas para indicar una situación de epidemia.

Legalidad y orden social

En las épocas de cuarentena surgen muchas dudas acerca de las cuestiones de los derechos civiles, sobretodo en el caso de los confinamientos. En nuestro mundo globalizado e hiperconnectado, estamos recibiendo una infinidad de informaciones a diario y es por eso que sabemos que, por el momento, aquellos países que han controlado totalmente la infección por COVID-19 son los que han impuesto controles más severos sobre la población y han restringido o supervisado más libertades individuales. Aquí en España ya estamos asistiendo al debate sobre la propiedad de nuestros datos y sobre la conveniencia de que los gobiernos sepan donde estamos en todo momento. En realidad es una cuestión que hace muchos años incluso décadas que está sobre la mesa. Nuestra información en la web, en las aplicaciones móbiles, redes sociales… nuestro localizador GPS para Google Maps… todos estos datos que ya estamos compartiendo a diario desde hace años, y de forma voluntaria, sí que los cedemos, pero cuando se trata de que lo supervisen las autoridades sanitarias o el gobierno ya no lo vemos tan claro. En estas situaciones de crisis es cuando se tensionan más los modelos nacionales y el duelo Democracia VS Dictadura se hace más evidente que nunca. También el debate de la libertad individual, el bien común y la responsabilidad comunitaria. Porque de lo que estamos hablando, al fin y al cabo, es de suspender ciertos Derechos Humanos básicos durante un tiempo por un bien común superior.

Las Guías respecto a la suspensión de Derechos Humanos en casos de emergencia están contenidos en los llamados Principios de Siracusa, adoptados por las Naciones Unidas en 1984.

Ciertos DDHH y Libertades pueden suspenderse si:

  • Hay que dar respuesta a presión sanitaria pública o social.
  • Se persigue un fin legítimo (prevenir extensión de una infección)
  • La excepcionalidad es lo menos restrictiva posible
  • Se hace de acuerdo con la ley
  • No se hace de forma arbitraria ni discriminatoria
  • Solamente limita aquellos derechos previamente especificados

En relación a la Salud Pública es posible tomar esta clase de medidas si:

  • Hay una fuerte evidencia científica
  • Toda la información se hace pública
  • Se explican todas las acciones a tomar de forma clara y cuáles son los derechos que van a restringirse

Finalmente, el Estado tiene la obligación ética de garantizar que:

  • Las personas infectadas no serán objeto de abuso o discriminación
  • Las necesidades básicas: comida, agua, asistencia médica están garantizadas
  • Se permite la comunicación con los seres queridos
  • Todas las medidas se revisan cada cierto tiempo
  • Las restricciones de libertad se aplican a todo el mundo por igual
  • Los pacientes son compensados por sus pérdidas (materiales y económicas), incluyendo los salarios.

Impacto emocional

Los escenarios de cuarentena pueden tener efectos psicológicos y emocionales negativos, para todos los miembros de la sociedad o comunidad que es confinada. Dichos efectos aumentan exponencialmente con el periodo de duración de la cuarentena y en función de los niveles de incertidumbre que se estén manejando. Dichos efectos van desde el estrés posttraumático hasta la ira pasando por la confusión.

En un interesante estudio publicado en The Lancet, se han analizado los impactos sobre los sanitarios que gestionarion la epidemia en su epicentro, en Wuhan, así como sobre algunos de sus pacientes. Los estresores en esta situación son la larga duración de la cuarentena, los temores a infectarse, la frustación, el hastío, la falta de suministros, la información inadecuada, la pérdida de recursos y el estigm. Dicho estudio constata los efectos a corto y medio plazo que ya está tienendo la pandemia sobre los equipos médicos que está en primera línea. Además, advierte de efectos negativos en toda la sociedad a largo plazo. En ese sentido, también advierte que en aquellas situaciones en las que la cuarentena es necesaria las autoridades deberían estimar la cuarentena el mínimo tiempo necesario y proveer información racional y comprensible sobre los protocolos.

Es recomendable hacer llamamientos al altruismo y recordar a la sociedad los beneficios que tiene la cuarentena para toda la población. Porque ahora, tras varias semanas de confinamiento y de Estado de Alarma, a lo mejor ya vemos nuestro objetivo más difuso, pero es importante ver que el esfuerzo está dando resultados y que podemos estar esperanzados y esperanzadas, así como prepararnos para gestionar los procesos de duelo que ya están apareciendo. En mi artículo anterior comentaba que la pregunta importante no es si estamos ante una oportunidad de comenzar de cero en nuestra manera de vivir, si no examinar y analizar con honestidad nuestra vida antes de la llegada de este virus y aprovechar para ser valientes y acelerar los cambios emocionales que teníamos en espera para mejorar como profesionales y como personas.

Bibliografía


 The psychological impact of quarantine and how to reduce it: rapid review of the evidence

Samantha K Brooks, PhD, Rebecca K Webster, PhD, Louise E Smith, PhD, Lisa Woodland, MSc, Prof Simon Wessely, FMedSci Prof Neil Greenberg, FRCPsych et al.

https://www.thelancet.com/journals/lancet/article/PIIS0140-6736(20)30460-8/fulltext

History of quarantine

Center for disease prevention and control

https://www.cdc.gov/quarantine/historyquarantine.html

Guidelines for Quarantine facilities COVID-19

Center for disease prevention and control

https://ncdc.gov.in/WriteReadData/l892s/90542653311584546120.pdf

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