Todas tenemos puntos ciegos, pero si no sabes cuáles son y no los iluminas, continuarán desgastándote y haciéndote perder la perspectiva. El hecho de estar durante tantas horas seguidas acechadas por la incertidumbre y inmersas dentro de nuestros propios mundos, provoca que no siempre tengamos una visión clara de lo que nos está sucediendo tanto dentro de nuestro universo emocional como fuera de él.  

En general, algunos estudios parecen sugerir que el 70% de las personas creeencontrarse entre el 10% más elevado en nivel de recursos, círculos sociales, paciencia y capacidad de esfuerzo. Esa convicción en que nuestra posición es única y privilegiada nos dota de una mayor seguridad y construye una imagen positiva que impacta favorablemente en nuestra autoestima. Sin embargo, a menudo olvidamos que puede que esto no sea exactamente así. Eso es un “punto ciego”. La necesidad de compararnos y de sentirnos superiores respecto al resto es un camino que fácilmente puede acabar llevándonos a la insatisfacción y que, probablemente, facilite que nos acabemos enfadando con nuestro entorno al constatar que nuestras expectativas no se corresponden con la realidad.  

Entrenar la Inteligencia Emocional mediante un plan de trabajo periódico y regular, con formaciones, reflexiones y retos que nos faciliten esa visión global de 360 ​ grados, es una forma efectiva de identificar no ya solamente dónde están nuestros puntos ciegos, si no también de empezar a arrojar luz sobre ellos.

 

 

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